lunes, 31 de octubre de 2016

Reseña de "Los Límites de su Consentimiento", de Yolanda León



¿Qué serías capaz de hacer para proteger aquello que amas?
¿Hasta dónde llegarías con tal de mantener a salvo a los tuyos?
Junio de 1707. Xàtiva ha pagado cara su lealtad al archiduque Carlos de Austria y arde hasta los cimientos.
Cerca de allí, un escalofrío sacude a la joven Isabel de Corverán mientras contempla la inmensa columna de humo en el horizonte. Desde la muerte de su padre ha tratado de mantener sus tierras y a cuantos viven en ellas a salvo de la cruel guerra que los rodea, pero… ¿qué puede hacer una dama indefensa cuando el más temido de los oficiales borbónicos y sus hombres deciden ocupar su casa? ¿De qué le pueden servir sus modales y su esmerada educación ante un demonio tan despiadado como seductor que no solo exigirá su hospitalidad, sino su entrega total en cuerpo y alma?
Durante siete largos días con sus noches Isabel deberá dejar a un lado su honor, su pudor y sus creencias.  Siete noches en las que despertará su cuerpo y sus sentidos a una sensualidad y un placer prohibidos para una dama. Siete noches en las que aprenderá que, para una mujer sola en un mundo de hombres, el sexo puede convertirse en el arma más poderosa con la que derrotar al peor enemigo.
Siete días que pondrán a prueba los límites de su consentimiento y que la transformarán para siempre.


Como los lectores de este blog sabrán, no leo mucha novela erótica. No porque no me gusten el romance o el erotismo, sino porque me cuesta mucho encontrar novelas que sean diferentes, no una más de las tantas que pueden encontrarse en las librerías. Cierto es que el esquema de toda historia de amor, desde los tiempos antiguos, puede resumirse en "chico conoce chica - chico pierde chica - chico recupera chica", pero la novedad estriba, precisamente, en el modo de contarlo, en el trasfondo que rodea la historia... y también, por qué no, en darle la vuelta a todo y crear algo totalmente diferente.
Leí Los Límites de su Consentimiento porque conozco a su autora y de hecho fui lectora beta de algunos capítulos, hace ya varios años. Y me alegro de que se haya dado la circunstancia, porque si no, tal vez hubiera pasado de largo frente al estante. Y me habría perdido una muy buena novela.
La historia nos habla de Isabel de Corverán, una joven adinerada y huérfana que un buen día se levanta con la noticia de que la Guerra de Sucesión Española ha llegado a las puertas de su casa y las tropas borbónicas han quemado hasta los cimientos la vecina ciudad de Xátiva. Cuando un coronel francés llega a su mansión dispuesto a convertirla por la cara en su cuartel general, Isabel deberá estar dispuesta a todo para impedir que su casa, sus tierras y las gentes a su cargo corran el mismo destino que los desdichados setabenses.

 Bien, para empezar, creo que es necesario puntualizar algo muy importante: esta NO es una novela romántica. A pesar de que el resumen de la contraportada lo deja bastante claro, puede que haya quien la lea esperando encontrar el típico romance histórico de siempre, y en ese caso se verá inevitablemente decepcionado. No, no es un romance. No, no hay damas feministas del siglo XXI vestidas con refajo y miriñaque. Y no, no hay caballeros galantes y románticos de esos que hincan la rodilla en tierra con una rosa entre los dientes y duermen con una espada entre él y la doncella amada para salvaguardar su virtud.


 "Las lágrimas no son la única arma de una mujer. Tienes otra entre las piernas, y más vale que aprendas a usarla".
(Cersei Lannister, resumiendo a la perfección el espíritu de esta novela).


Y, si no es romántica, entonces, ¿qué es? Bien, dado que toca varios géneros, la clasificación es complicada, pero yo definiría Los Límites de su Consentimiento como un thriller erótico histórico. Y en los tres géneros cumple de manera impecable.

Es un thriller porque tenemos a una mujer en peligro, totalmente indefensa, frente a una situación que la supera y en la que podría morir en cualquier momento. Isabel de Corverán y Armand de Sillegue son enemigos naturales: él es un coronel borbónico en plena Guerra de Sucesión, y ella es una mujer del bando contrario, que como es lógico para él no tiene otro estatus que el de botín de guerra. Isabel es huérfana, está sola, tiene familias enteras y todo el patrimonio familiar a su cargo y carece de hombres que puedan defenderla. Sabe que basta un sólo paso en falso, un resbalón, y todo cuando ama y conoce quedará aniquilado. No tiene más remedio que sacar fuerzas de flaqueza y jugar como puede las cartas que el destino le ha repartido... y un sólo fallo puede resultar fatal. Durante toda la novela se puede sentir el peligro, el miedo que Isabel siente a cada instante, hasta que lo haces tuyo y se te ponen los pelos de punta cada vez que temes que haya cometido un error. Tal vez el argumento de esta novela no sea el de un thriller al uso, pero lo cierto es que no sé cómo llamar a un relato que te tiene con los nervios en punta en cada capítulo, que consigue transmitirte el terror de la protagonista a que en cualquier momento al de Sillegue se le crucen los cables y todos sus seres queridos, junto a ella misma, acaben convertidos en cadáveres calcinados.

Es erótica, porque la carga sexual de la novela es potente y está llevada de manera impecable. Aquí viene un tema muy espinoso, que es precisamente el que le da nombre al libro, y es el tema del consentimiento. Hay quienes consideran una violación lo que sucede entre las páginas, y hay quienes no. ¿Qué pienso yo? Pues... no es fácil de discernir. Violación, no. Abuso sexual, en el sentido de sexo conseguido por medio de intimidación o abuso de poder... quizás. Sea como sea, no se puede juzgar por los estándares morales y culturales de hoy en día, porque de hacerlo así no sólo no estás comprendiendo lo que pretende contar la novela, sino que todo disfrute de la misma se hace imposible. El tema es que Armand de Sillegue no tira a la protagonista sobre la mesa y le abre las piernas mientras ésta chilla pidiendo socorro: eso sería una violación sin lugar a dudas, tanto en el siglo XVIII como en el I o en el XXI; no habría más que discutir. Es Isabel quien, imaginando que el coronel podría violarla en cualquier momento si le diese la real gana, y ya de paso entregarla a su compañía, matar a todos sus criados y quemarle los telares y la casa, decide que mejor ponerle buena cara a los invasores y entregar de buena gana todo lo que estos podrían tomar por la fuerza si quisieran. No es una actitud muy diferente a la que tomaron algunas cortesanas profesionales durante el saqueo de Roma, abriendo la puerta de sus mansiones a los soldados españoles (para que estos no entraran a saco y a rapiñar) y poniendo todas sus artes amatorias al servicio del oficial de más alta graduación (para que éste la tomara como amante y al marcarla como suya no permitiera que sus subordinados la tocaran). Para colmo, Armand de la Sillegue es un hombre joven y atractivo (según he leído, su aspecto físico está basado en el de Richard Armitage... ahí es nada). E Isabel, que es una veinteañera virgen que en su santa vida ha conocido varón, digamos que siente cierta atracción física por semejante maromo, aunque el hecho de ser un oficial enemigo que llega por las bravas a su casa también la haga sentir temor y desconfianza. Obviamente, en semejantes circunstancias no es muy lógico que se enamoren, pero sí es lógico que el chico se sienta tentando a pervertir sexualmente a esa chica guapa que tiene tanto miedo de que le hagan daño que se deja hacer de todo, y que la chica se sienta impresionada ante un hombre guapo que, por chungo que parezca, le remueve un poco sus reprimidas hormonas. En el fondo, parece que Isabel consiente en convertirse en amante de Armand tanto por garantizar la seguridad de su gente y sus propiedades como porque eso le da la oportunidad de explorar el tema sexual sin sentir culpa por ello, dando que la búsqueda del placer por el placer estaba vedada y severamente castigada para las mujeres de la época. Me extiendo en esta explicación para que se entienda la ambigüedad moral que impregna la relación entre los protagonistas de la novela, que oscila entre el "me sacrifico para salvar a mi gente" y el "aunque esto sea perturbador en el fondo me gusta". ¿Cuál es el verdadero límite del consentimiento de Isabel? ¿Dónde acaban el miedo y la intimidación y empieza el deseo de experimentar lo prohibido? Pues justo a esto hace referencia el título.
Por lo demás, las escenas de sexo están bien escritas, no son innecesariamente largas pero sí muy intensas y excitantes, y por encima de todo, no son gratuitas, sino que tienen su función en la historia. Con cada una de ellas, conocemos mejor a Armand y a Isabel, y noche a noche nos muestran cómo avanza la historia, dado que lo sucedido durante el día afecta directamente a lo que pasa por las noches, y viceversa. Mediante cada paso más allá en los juegos sexuales, evoluciona también el juego de poder entre los personajes principales, y se va tranzado un esbozo de sus auténticos carácteres.

Por último, es una novela histórica, porque tiene un telón de fondo real y está muy bien documentada. Tan bien, que para determinadas lectoras puede suponer un problema. No por exceso de información, que no lo hay (de hecho, una de las virtudes de Yolanda León es introducirte a la perfección en el siglo XVIII sin estar haciendo continuas descripciones), sino porque los personajes son DE VERDAD mujeres y hombres del siglo XVIII.
Si de algo puede presumir esta novela, es de mostrar la forma de ser y de pensar en aquella época, con el choque cultural que ello implica, sobre todo en el tema sexual, que se trata de una manera muy diferente a como lo trataríamos hoy en día. Las decisiones y los actos de los personajes pueden resultar chocantes, pero es que TIENEN que serlo porque hace 300 años la gente pensaba y sentía de un modo diferente. No están hechos para que te identifiques con ellos o te caigan bien, sino para que cuando leas la novela te preguntes: "¿Y qué habría hecho yo en esa misma situación?". De hecho, soy de la opinión de que si al leer una novela histórica no sentimos el choque cultural con los personajes, ya sea en mayor o en menor medida, es que en algo está fallando el escritor. Por ejemplo, en introducir como protagonistas a dos personas totalmente modernas y actuales que, cuan videntes en el país de los ciegos, son los únicos que se dan cuenta de todo lo que está terriblemente MAL en la sociedad en la que viven. ¿Un ejemplo de esto? El caso más sangrante es el de la infame Caris, una de las protagonistas de Un Mundo sin Fin, indigna secuela de la maravillosa Los Pilares de la Tierra. Caris, como ya comenté en mi reseña de la novela, es una mujer actual metida como un pegote en la Edad Media, que en pleno siglo XIV es feminista, atea, pro abortista y demócrata. Con sus dos redondos ovarios (¡sacad de ellos vuestros rosarios!). No es por nada, pero prefiero mil veces a Isabel de Corverán. Por lo menos, a ella soy capaz de creérmela en su época.

La historia entre Armand e Isabel no es de amor, sino de sexo, supervivencia y psicología. No son Romeo y Julieta, sino más bien como Milady de Winter y D'artagnan, o como Íñigo de Balboa y Angélica de Alquézar: dos personas que parten de un mutuo desencuentro y sienten una fuerte atracción sexual casi a su pesar. Y el modo en que Isabel va espabilando, enfrentándose a la situación que le ha tocado vivir y a sus propios deseos, conociéndose a sí misma y dándose cuenta de lo que tiene que hacer y hasta dónde es capaz de llegar, es admirable. Sólo por contemplar el desarrollo psicológico de este personaje, merece la pena leer la novela. Y encima está realmente bien escrita, con un ritmo y un estilo elegante, ágil y muy bien llevado.
En resumen, recomendable 100%. Bien narrada, bien documentada, valiente en su planteamiento, potente en argumento, en desarrollo y en personajes. Eso sí, más vale que antes de empezarla sepas lo que vas a leer.

martes, 11 de octubre de 2016

Signos que delatan a una editorial estafa


Publicar es el sueño dorado de muchos aspirantes a escritores. Cuando lo consigues, el día que te dicen que SÍ, que quieren contar contigo, que vas a ver tu libro en las librerías, es uno de esos raros momentos en la vida en que sientes que las estrellas se alinean y los sueños se hacen realidad. Yo nunca olvidaré el día en que me lo dijeron a mí. Por fortuna, además, tuve la posibilidad de publicar con una editorial pequeña pero muy activa y trabajadora, con la que he podido asistir a eventos como las Ferias del Libro de Madrid y Valencia, la Semana Literaria del Puig, la Cificom, y algunos otros que se perfilan en el horizonte.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma suerte. Porque algunas editoriales, en lugar de trabajar codo con codo con sus autores, se dedican a estafarlos. ¿Cómo? Mediante la llamada coedición encubierta. Esta práctica, que por desgracia ha engañado a bastantes autores noveles e ilusionados, consiste básicamente en que una editorial de coedición o autoedición se hace pasar por una editorial normal para captar escritores a los que sacarles el dinero.

Ojo, eso no significa que todas las editoriales que editan libros por encargo sean una estafa. La autoedición es algo muy simple: tú les pagas para que editen un texto, ellos te entregan los ejemplares, tú les pagas la factura y puedes hacer con esos ejemplares lo que te dé la gana, sin más: venderlos, regalarlos, hacer gorros de papel. Si el cliente sabe lo que está comprando, no hay ningún problema. El lío viene cuando esas editoriales no captan a los clientes ofreciendo honestamente el producto, sino que intentan aprovecharse de la inocencia y la ilusión de los autores noveles para hacerles creer que van a publicar al estilo tradicional, cuando en realidad van a tener que pagar sus propios ejemplares y la "editorial" se desentenderá de ellos en cuanto hayan presentado su novela.

¿Cómo evitarlo? ¿Cómo saber cuándo una editorial de autoedición encubierta está intentando engañarnos? Fijándonos en estos signos de alarma:


-Te "animan" a publicar con ellos: Anuncios publicitarios como "¡buscamos escritores noveles!", "¡publica con nosotros!" o "¡cumple tu sueño!" deberían hacerte sospechar de inmediato. Por lo general, las editoriales normales están saturadas de manuscritos originales, y muchas de ellas cierran la recepción y sólo leen lo que les pasan los agentes literarios. Los lectores de la editorial no dan abasto, y tienen que ser muy selectivos con los originales que leen, porque sencillamente no les da el tiempo para todo. ¿Qué significa entonces que una editorial anime alegremente a los noveles a enviarles todo tipo de manuscritos? Que ni siquiera se van a molestar en leerlos.


 -Publican de todo: Y cuando digo de todo, quiero decir de todo. Echas un vistazo a su catálogo y resulta que editan poesía, ensayo, teatro, infantil, juvenil, biografías, acción, terror, fantasía, romántica... vamos, todos los géneros literarios habidos y por haber. De ser así, HUYE. Las editoriales de verdad publican unos géneros muy definidos, lo cual significa que fuera de esos géneros no les interesa nada (por ejemplo, Fantascy no va a publicar una novela erótica por buena que sea, y Harlequin no va a publicar una novela negra aunque sea digna de la mismísima Patricia Highsmith). Si una editorial publica absolutamente de todo, es que el target de lectores no les interesa; lo que les interesa es engañar al máximo número de autores posibles sin importar qué genero escriban.


-Insisten mucho en lo serios que son y lo satisfechos que están sus autores: Si en los anuncios o en la página web la editorial recalca mucho lo serios y profesionales que son, y tiene un catálogo infinito de autores sonrientes que afirman estar muy satisfechos de haber publicado con ellos y haber cumplido su sueño, mucho cuidado. Las editoriales de verdad dedican sus esfuerzos a promocionar las novelas que ya tienen en el mercado, no a promocionarse a sí mismas diciendo lo serias y profesionales que son. Y si buscas en Google a esos autores tan felices, te darás cuenta de que gran parte de lo que dice la web es mentira.


-Compadecen al pobre escritor novel y aseguran que ellos están para ayudarte: Otro de los ganchos de una editorial estafa consiste en empatizar con el escritor, asegurando que comprenden la injusticia de los pobres autores que no venden una escoba con sus magníficas novelas, y explicando lo bien que distribuyen ellos sus obras y el gran público al que llegan. A ver, aquí falla algo. ¿Los clientes de la editorial no deberían ser los lectores? ¿Por qué, entonces, esa editorial parece estar dedicando la mayor parte de sus esfuerzos a animar a los autores a publicar con ellos, en lugar de dedicarlos a convencer al lector de que compre sus libros? Pues porque su negocio no está en los lectores, sino en los autores. Una editorial no se dedica a cumplir sueños ni a recompensar el esfuerzo de los pobrecitos noveles, sino a ganar dinero. Es un negocio, no una ONG.


-También insisten mucho en que ellos NO hacen autoedición: Si un vendedor de seguros llamara a tu puerta y lo primero que te dijera es que su compañía de seguros es muy seria y por supuesto que no se dedican a estafar a nadie, ¿sospecharías? Pues eso mismo. Una editorial de verdad no necesita asegurarte por activa y por pasiva que no te van a cobrar nada ni te van a obligar a vender un número mínimo de ejemplares, y tampoco necesita asegurarte que no debes preocuparte por nada, porque ellos no hacen autoedición y son los más honrados del mundo. En la Edad Media había un refrán que ha sobrevivido hasta nuestros días: Excusatio non petita, accusatio manifesta. La traducción literal es "excusa no pedida, acusación manifiesta", y viene a ser el equivalente al actual "quien se excusa, se acusa". Significa que todo aquel que se disculpa de una falta sin que nadie le haya pedido cuentas, se está señalando como culpable. Si esta refrán tan antiguo está vigente desde hace siglos, por algo será. Da igual lo que afirmen; seguro que en algún momento te terminan colando alguna cláusula o condición que te obligue a soltarles pasta, o a hacer que otros se la suelten, de un modo u otro. No te fíes.


-Si les envías tu manuscrito, te dicen que sí en el acto: Estamos hablando de 48 horas, o incluso menos. Les mandas tu novela con toda la ilusión, y en un plazo de tiempo increíblemente corto, ¡voilà! ¡Te han contestado y han dicho que sí! Un momento, aquí falla algo: ¿de verdad crees que un editor que tiene decenas o incluso cientos de manuscritos en espera se ha leído tu novela de un tirón en menos de dos días? Pues no. No se la ha leído, pero te ha dicho que sí de todas maneras porque aquí el cliente no son los lectores, sino tú.


-Te prometen un porcentaje de venta mayor del 12%: En una editorial de verdad, es la empresa la que arriesga dinero, no el autor. Y el beneficio no sólo redunda en los editores, sino que también se ha de repartir con la librería y la distribuidora. Por eso los autores cobramos un porcentaje tan pequeño por cada libro vendido: por lo general  oscila entre el 8 y el 12%, y sólo los grandes autores consagrados (estamos hablando de un Arturo Pérez-Reverte, un George R.R. Martin o una J.K. Rowling) pueden estar en posición de exigir un porcentaje algo más alto (no mucho más). Si te ofrecen de buenas a primeras un 15%, un 20%, o incluso más, escapa como si no hubiera un mañana. Es demasiado bonito para ser auténtico.


-Te piden dinero, o que compres/vendas un número determinado de ejemplares: Si llegado el momento plantean cualquiera de estas condiciones, y no mencionan en ningún momento las palabras "autoedición" o "coedición" es que intentan engañarte. Grábatelo bien en la cabeza, por favor: una editorial de verdad NUNCA te va a pedir dinero por editar. NUNCA te va a pedir que compres un número determinado de ejemplares. Y NUNCA te van a exigir que vendas una cantidad determinada de ellos. Repito lo dicho antes: cuando se publica un libro a la manera tradicional, es la editorial quien arriesga, no el autor. El único deber del autor es ceder los derechos de edición (ojo, DE EDICIÓN, no DE AUTOR) a la editorial, cumplir ciertos plazos y estar disponible todo lo humanamente posible para los actos de promoción.


Espero que esta guía sirva para ponerte sobre aviso y que no caigas en la trampa de ningún desaprensivo que pretenda aprovecharse de tus sueños. No caigas en la tentación de tomar el camino más fácil y enviar tu manuscrito a una editorial que de entrada prometa nubes rosas y piruletas de azúcar a los escritores noveles, porque puedes salir trasquilado y perder mucho tiempo y dinero para acabar con tus sueños hechos trizas. Y como muestra de lo que puede conllevar publicar con gente así, podéis leer aquí lo que le ocurrió a Laura, una escritora que fue engañada por una de esas editoriales estafa y compartió la experiencia en su blog.

domingo, 28 de agosto de 2016

Nuevo diseño del blog

Ya sé lo que estará pensando todo el mundo... "desde que esta chica publicó la novela, está casi desaparecida".
Pues desaparecida no, pero lo que sí he estado, debo admitirlo, es muy ocupada. Sigo escribiendo (todo lo que puedo), sigo con la promoción del libro (a un nivel más relajado), y sigo con la vida muggle, que me absorbe la mayor parte de las energías.
Sé que prometí postear entradas acerca de las presentaciones de La Senda Oscura, pero juro que no he tenido tiempo para ponerme a ello. No descarto publicar próximamente un artículo-resumen con las fotos y las experiencias más destacadas, ya que de momento hemos ido a bastantes sitios: las Ferias del Libro de Madrid y de Valencia (con sus correspondientes presentaciones), la Setmana de les Lletres del Puig, el Palo Alto Market... ¡y próximamente asistiremos a más eventos!
Mientras tanto, lo que sí he hecho ha sido lavarle un poco la cara al blog, que es algo que llevaba planeando hacer desde hace tiempo. Espero que me digáis vuestra opinión, porque me lo he currado bastante, sobre todo la cabecera: quería que incluyera la imagen clásica de La Luz de Valinor, que es ya icónica a estas alturas, pero dándole un toque nuevo y añadiendo a Dana, la protagonista de La Senda Oscura: un dibujo de Carolina Bensler del cual me siento muy, muy orgullosa.
Asimismo, veréis que bajo la portada del blog hay ahora varias pestañas. Las he creado para facilitar lo más posible el acceso a mis artículos más populares: las reseñas literarias, las de cine, y todo lo que tiene que ver con Juego de Tronos y Canción y Hielo y Fuego. También hay un apartado con los enlaces a todas las reseñas que se han publicado hasta ahora de La Senda Oscura, para que les echéis un vistazo y os animéis a leerla si todavía no lo habéis hecho. Y si ya la habéis leído, sed majos y escribid una reseña en vuestro propio blog, porque de ese modo se cumplen dos objetivos: más gente tiene la oportunidad de conocer la novela y leerla (lo cual es estupendo) y yo tengo la oportunidad de conocer vuestra opinión para seguir mejorando en mi oficio de escritora (lo cual es aún mejor).
Me despido rapidito que estoy intentando sacar tiempo de donde pueda para actualizar mi fanfiction de Warhammer 40.000 (os recuerdo que lo podéis leer aquí) antes de que termine Agosto. ¡Nos leemos muy pronto! ;-)

miércoles, 3 de agosto de 2016

¿Qué quiere una Princesa Disney? - ¡COLABORACIÓN ESPECIAL!



La entrada de hoy es especial. Surgió de una conversación que tuvimos hace poco Laura (escritora y autora del blog La Biblioteca de Laura) y yo, acerca de la concepción de Frozen como película más feminista de Disney hasta la fecha. Ninguna de las dos estábamos muy de acuerdo con dicha afirmación, y se nos ocurrió analizar a las princesas Disney más emblemáticas para ver si la protagonista de Frozen es realmente más o menos feminista que el resto de chicas Disney. ¿Nuestra conclusión? Que ni las princesas Disney en general son tan machistas como la gente cree, ni Frozen es tan feminista como muchos proclaman.
En seguida decidimos que sería más divertido (y manejable, dado el gran número de princesas que ha parido la factoría) si nos repartíamos el trabajo entre las dos. Así que esta entrada se trata en realidad de un artículo conjunto, escrito mano a mano entre Laura y yo, donde cada una se encarga de analizar los deseos y motivaciones de cinco princesas.
El criterio que hemos elegido para nuestro análisis es la canción “Yo quiero”. Como bien sabéis, las películas de Walt Disney son casi siempre musicales (creando auténticas maravillas de bandas sonoras, algunas de ellas míticas), donde los personajes usan las canciones para explicar sus deseos, sentimientos o planes al espectador. Del mismo modo que suele haber una canción de amor de la pareja o una declaración de intenciones del antagonista, está la canción “Yo quiero”, cantada por el protagonista durante el primer tercio de la película, en la que éste explica cuáles son sus aspiraciones y sus deseos, en una palabra, nos cuenta quién es y cuál va a ser su motivación para adentrarse en el Camino del Héroe.
A la hora de analizar a las princesas Disney, hemos hecho una selección; veréis que no están todas. En primer lugar, hemos dejado fuera a las que no son de la factoría Disney (por ejemplo, Pulgarcita o Anastasia, que pertenecen a Don Bluth, o a Mérida, puesto que Brave es una película de Pixar cuando aún no estaba fusionada con la Disney). En segundo lugar, hemos dejado de lado a las princesas que no tienen canción “Yo quiero” porque no son las protagonistas de la película. Es el caso de Yasmín, Kira y Nala (en sus películas, los protagonistas son Aladdín, Milo y Simba, no ellas), y también hemos dejado de lado a las que sí tienen canción, pero no es una canción “Yo quiero”, porque tampoco son ellas las protagonistas (es el caso de Esmeralda o Megara, que sí cantan en sus películas, pero la canción “Yo quiero” les pertenece a Quasimodo y a Hércules respectivamente).
Una vez hecha la criba, las elegidas son las siguientes, divididas en dos equipos:
-Equipo Laura: Blancanieves, Cenicienta, Bella, Mulán y Rapunzel, cuyas personalidades y canciones son analizadas en esta entrada de La Biblioteca de Laura, que debéis leer sin falta si queréis completar el artículo.
-Equipo Estelwen: Aurora, Ariel, Pocahontas, Tiana y Anna.
¡Vamos a ello!


AURORA (La Bella Durmiente, 1959)
Aunque pueda parecer sorprendente, La Bella Durmiente fue estrenada más de 20 años después que Blancanieves y los Siete Enanitos, lo cual se nota en la estética tan diferente que impera en las dos películas. En efecto, a diferencia de Blancanieves con su aspecto de chica pin-up, Aurora lleva la melena suelta y ondulada, muy al estilo años 60. El cuento clásico de la Bella Durmiente arrastra el mismo sambenito que Blancanieves sobre machismo y pasividad femeninas, aunque debemos reconocer que en cierto modo es merecido, sobre todo si recordamos la versión original de Perrault, mucho más edulcorada en la versión de Disney. A Aurora se la acusa de ser una princesa pasiva, que se pasa media película durmiendo mientras el príncipe Felipe hace todo el trabajo para rescatarla y derrotar a Maléfica, villana y antagonista del cuento. Y lo cierto es que, durante toda la película, Aurora es víctima de las circunstancias. Ya de niña la prometen en matrimonio con un príncipe al que no conoce, poco después, la hechicera Maléfica la condena a morir a los 16 años pinchándose el dedo con el huso de una rueca (no tan extraño, por cierto, para la época en que este cuento fue escrito; aunque parezca mentira, estoy segura de que no eran pocas las personas que sufrían un pinchazo o un corte tonto, y entre la falta de higiene y la inexistencia de antibióticos, acababan muriendo de septicemia). Las tres hadas buenas, sin embargo, logran revertir la maldición en parte dictaminando que Aurora no morirá, sino que caerá en un profundo sueño del que sólo podrá despertarla un beso de amor verdadero. Finalmente, el hechizo se cumple y Aurora cae en un sopor del que sólo despertará cuando Felipe consiga abrirse camino hasta el castillo y besarla en los labios.
¿Y cuál es la canción en la que Aurora nos cuenta lo que quiere? Pues al contrario de lo que muchos estarán pensando, no es la famosa Eres tú. Esa es la canción de amor de la película, que Felipe y Aurora acaban cantando y bailando a dúo. La canción “Yo quiero” de La Bella Durmiente es la que viene justo antes, y que se titula, curiosamente, Quisiera.



Entonan las aves
y dejan oír su canción,
y en sus trinos
se dicen:
"Te quiero,
te adoro con el corazón."
Quisiera un alguien
que pueda escuchar mi cantar
y responda:
"Te quiero,
te adoro",
y venga amoroso por mí.


A juzgar por su canción “Yo quiero”, Aurora, como la mayoría de las adolescentes de dieciséis años, sueña con enamorarse y conocer a su chico ideal. Es cierto que no se trata de una canción demasiado feminista, pero al igual que la canción de Blancanieves, no deja de ser coherente con lo que es una chica de esa edad y con la concepción de la mujer en la época que se estrenó la película (a finales de los años 50). Y, sin embargo, La Bella Durmiente tiene tres premisas diferentes que la diferencian de su predecesora Blancanieves y los Siete Enanitos y la convierte en precursora del feminismo que estaba por venir en los 60 y los 70: En primer lugar, la igualdad; es cierto es Aurora sólo busca enamorarse, pero el príncipe Felipe quiere exactamente lo mismo que ella: encontrar a una chica especial con la que compartir su vida. En segundo lugar, la reacción de ambos personajes cuando se enamoran: Aurora y Felipe están prometidos el uno con el otro, pero no lo saben. Cuando las tres hadas buenas revelan a Aurora su condición de princesa y su compromiso real, la joven llora desconsolada, pero a pesar de lo mucho que le duele, al final decide asumir su responsabilidad y poner su deber real por encima de su amor, aceptando a regañadientes el compromiso. En cambio, es Felipe quien pone el amor por delante de todo lo demás, llegando al extremo de desafiar a su padre y decirle que está dispuesto a renunciar a la corona y a sus deberes para con el reino para poder desposar a una campesina. Y en tercer lugar, en esta película son las mujeres las que salvan la situación. De acuerdo, Aurora se pasa durmiendo el último tercio final, pero Felipe es secuestrado y encarcelado por Maléfica, y jamás habría conseguido liberarse por sí mismo de no ser porque las tres hadas buenas le echan ovarios, se cuelan en la fortaleza de Maléfica y lo sacan de prisión. Son ellas las que lo protegen de las flechas, las rocas y el aceite hirviendo que lo habría matado, quienes lo arman, y quienes hechizan su espada para que vuele certera y se clave en el corazón del dragón. Lo cierto es que en La Bella Durmiente las verdaderas heroínas son las hadas: sin ellas, el príncipe Felipe jamás habría conseguido su objetivo.



ARIEL (La Sirenita, 1989)
Tras las tres princesas clásicas Disney (Blancanieves, Cenicienta y Aurora), transcurrió una larga época llena de películas protagonizadas por animalitos de lo más variado. Tuvimos que esperar a finales de los años 80 para entrar en la que Segunda Edad de Oro de la factoría Disney, con la que llegó una oleada de nuevas princesas y el estreno de muchas películas que hoy ya son clásicos inmortales. La primera de ellas fue La Sirenita, que yo misma recuerdo haber visto en el cine a la tierna edad de seis años. En esta historia, basada en el cuento de Hans Christian Andersen pero afortunadamente muy lejana a su cruel y amargo final, se nos cuenta la historia de Ariel, una sirena que sueña con tener piernas y ver el mundo de los humanos. Cuando se enamora de Eric, un príncipe al que rescata del naufragio de su barco, hace un trato con Úrsula, la bruja del mar: Ariel podrá convertirse en humana durante tres días a cambio de perder la voz, pero si no consigue que Eric le dé un beso de amor durante ese tiempo, tendrá que volver al mar y su alma pertenecerá a la bruja.
Mucho se ha criticado a La Sirenita por lindezas como “enseña a las niñas que la belleza basta para conquistar a un hombre, no necesitas ni hablar”, o “por amor una mujer debe cambiar su aspecto e incluso abandonar su casa y su familia”. Pero, ¿realmente es esto cierto? Examinemos Parte de él, la canción “Yo quiero” de Ariel (doblaje original del 89, por favor. Cualquier otra cosa es herejía y será purgada a fe y fuego por la Inquisición Imperial):



Qué tengo aquí, qué lindo es,
es un tesoro que descubrí,
es muy simple decir que no hay más que pedir.
De lo que ves a tu alrededor, tanta abundancia,
tanto esplendor, me hace de pensar que yo no necesito más.

Regalitos así tengo miles,
aunque a veces no sepa que son,
¿quieres “nosemapops”?, tengo veinte
pero yo en verdad...quiero más...

Yo quiero ver algo especial,
yo quiero ver una bella danza,
y caminar con los, ¿cómo se llaman…? ¡Ah, pies!
Sólo nadar no es original,
por qué no tener un par de piernas
y salir a pasear, ¿cómo dicen…? ¡A pie!

Y poder ir a descubrir
que siento al estar ante el sol,
no tiene fin; quiero saber, más, mucho más.

¿Qué debo dar para vivir fuera del agua?,
¿qué hay que pagar para un día completo estar?
Pienso que allá lo entenderán,
puesto que no prohíben nada,
¿por qué habrían de impedirme ir a jugar?,
a estudiar que hay por saber,
con mis preguntas y sus respuestas,
¿qué es fuego? ¿qué es quemar?, ¿lo podré ver?
¿Cuándo me iré?
quiero explorar,
sin importarme cuando volver…
El exterior,
quiero formar,
parte de él.

Vaya. Lo que vemos, para empezar, es que en esta canción no aparecen el amor ni el príncipe por ningún lado. Entre otras cosas, porque Ariel canta Parte de él antes de conocer a Eric. Para Ariel, el deseo de convertirse en humana no tiene nada que ver con el amor: lleva sintiendo curiosidad por el mundo exterior toda su vida, hasta el punto de haberse pasado años coleccionando objetos recuperados de los barcos hundidos. Podría decirse que el hecho de conocer a Eric es lo que le da el empujón que le faltaba para atreverse a dejar su zona de confort y hacer el trato con Úrsula, pero sólo es un empujón final, no el desencadenante. Un empujón, por cierto, del que también tiene culpa su padre, que perfectamente podría haberle dado piernas si hubiera querido y mandarla junto con sus guardias en un entorno controlado a darse un paseo por el exterior. Así pues, Ariel no “cambia su aspecto y se aleja de su hogar” por un hombre, sino porque eso es lo que ella siempre había querido. Y en segundo lugar, la falta de voz no es una ventaja para ella, todo lo contrario. Es precisamente su incapacidad de hablar lo que impide que Eric se enamore de ella en el acto, ya que no puede reconocerla como la joven que le salvó. Evidentemente, Úrsula conoce el problema, de modo que su canción acerca de las ventajas de estar callada frente a los hombres no es en modo alguno una lección de comportamiento, sino una mentira y una trampa, como pronto descubrirán los espectadores y la propia Ariel.



POCAHONTAS (Pocahontas, 1995)
Pocahontas es famosa en la filmografía Disney por ser una película basada en hechos reales. Se basa en las andanzas de la princesa india Matoaka  (1595, Virginia - 21 de marzo de 1617, Londres), hija mayor del jefe Powhatan, jefe de la confederación algonquina en Virginia, que era llamada cariñosamente por amigos y familiares “Pocahontas”, es decir,”niña traviesa” en lengua algonquina, lo cual nos da una idea del carácter de la joven. Es histórica su coincidencia con el capitán inglés John Smith, así como el hecho de que le salvó la vida cuando estaba a punto de ser ejecutado sobre una roca. Todo esto lo sabemos gracias al propio John Smith, que reveló estos detalles por carta a la reina Ana de Inglaterra. Sin embargo, la historia de amor que se desarrolla entre los dos personajes en la película de Disney es ficticia, ya que cuando conoció al capitán Smith, la Pocahontas histórica no tenía más de once años. Es con otro John, de apellido Rolfe, con quien Pocahontas se casó a los 19 años convertida ya al cristianismo y bautizada con el nombre de Rebecca. Sin duda, la película mezcla a los dos Johns en el personaje de Smith para darle más dramatismo (todo ello a pesar de la infame secuela que se editó en vídeo años después y que NADIE, repito, NADIE debería ver, por el bien de su salud mental).
Pero, ¿qué quiere Pocahontas, la princesa india Disney por excelencia (por permiso de Tigrilla)? Ella misma nos lo cuenta en su canción “Yo quiero”, que se titula Río Abajo:


Lo que me gusta más del río es que nunca es igual que ayer
sus aguas siempre fluyen sin descanso
si en paz deseo yo vivir un precio he de pagar
no saber lo que este río está ocultando

Río abajo lo veré
sé que río abajo lo veré
me asomaré, río abajo lo veré
lo encontraré
libre ya por fin, no sé por qué.
Algún sueño debe haber
río abajo esperará por mi
sólo por mi

Lo escucho allí, junto al ciprés,
tras la cascada sin final,
sutil sonido que distante llama.
¿He de ignorarlo por un hombre que me dé seguridad
a pesar de lo que me diga mi alma?

Río abajo lo veré
río abajo lo veré
me asomaré, río abajo lo veré
lo encontraré
libre ya por fin, no sé por qué.
Algún sueño debe haber
río abajo lo veré
río abajo lo veré.

¿Qué camino elijo yo?
¿Ser tenaz como el tambor?
¿Debo unirme a Kokum?
¿He de olvidarme de soñar?
¿O aún creer que me espera un sueño?
Río abajo quiero
ver...

La canción “Yo quiero” de Pocahontas está muy clara: “quiero ser libre, quiero elegir mi propio camino, quiero encontrar mis sueños, no quiero un matrimonio concertado con un guerrero cara palo que no sonríe ni por casualidad”. ¿Tiene pinta esto de machista? Yo diría que no. Pocahontas es una mujer que se rebela contra lo que su padre y la sociedad esperan de ella, que quiere tener sus propios sueños y la libertad para seguirlos. Cuando conoce a John Smith, no queda subyugada por él: le discute todas sus ideas preconcebidas sobre los salvajes hasta hacerle cambiar de opinión, se va enamorando de él poco a poco, arriesga su propia vida para salvarle, y finalmente, cuando Smith debe partir a Inglaterra para recibir cuidados médicos por una herida de bala, Pocahontas decide quedarse en lugar de seguirlo porque se da cuenta que su mediación es necesaria para que siga habiendo paz entre indios y colonos. En esto, curiosamente, parece la versión rebelde y aventurera de Aurora, que también decidió en un momento dado renunciar al amor para cumplir con su deber. La diferencia entre Pocahontas y Aurora en este caso es que a Aurora ese deber le viene impuesto por nacimiento, mientras que Pocahontas se carga libremente esa responsabilidad sobre los hombros, convirtiéndose en el paradigma Disney de la mujer ecologista y pacifista.


TIANA (Tiana y el Sapo, 2009)
Tiana y el Sapo es, hasta la fecha, la última película Disney con animación clásica que se ha rodado hasta la fecha. También es, hasta ahora, la única princesa Disney de raza negra (curiosamente, lo que debería haber sido Nala, si hubiera sido una mujer humana y no una leona). La historia es una revisión del cuento clásico sobre la princesa y el sapo. La protagonista, Tiana, es una joven camarera que sueña con abrir su propio restaurante. Naveen, un príncipe convertido en rana por las oscuras artes vudú del Doctor Facilier, intenta que la joven lo bese para romper el encantamiento, pero Tiana no es una princesa, de modo que en lugar de devolverle a Naveen su forma humana, ella también se transforma en rana.
¿Y qué quiere Tiana? Escuchemos su canción “Yo quiero”, titulada Ya llegaré.


No más distracciones
ya habrá tiempo para disfrutar
ni un instante desperdiciar
me enseñó papá

La ciudad mil vueltas da
y la gente a lo suyo va
mas yo sé de hecho a donde voy
hoy me acerco, paso a paso
un poco más

(coro)
ya llegaré
ya llegaré
piensan aquí que estoy loca
y no es así
y es que mi camino
difícil es
pero nada a mí me detendrá
porque ya llegaré

papi dijo que los sueños
pueden ser realidad
pero al fin de ti depende
si así sucederá

hay que trabajar duro sin parar
y lo demás vendrá sin mas
hoy por hoy aquí estoy
¡abrán paso que aquí voy!

(coro)
ya llegaré
ya llegaré
todos querrán visitarnos ya
y allí estaré
ya llegaré

hay dificultades siempre
que hay que superar
pero en la montaña subiré a la cima
y ya llegaré
ya llegaré

ya lleee-gaaa-réeeeeeeee

Tampoco aquí encontramos ni rastro de machismo, más allá de la influencia que han tenido en Tiana los consejos paternos sobre el esfuerzo y el trabajo. En su canción, Tiana nos cuenta que desea cumplir su sueño de convertirse en empresaria hostelera, regentando el más famoso restaurante de Nueva Orleans. Es, pues, un canto a la cultura del emprendedor (siempre tan de moda en los EEUU), a trabajar duro para salir adelante y a no desfallecer por muchas dificultades que encuentres cuando quieres llevar a cabo un proyecto laboral que sabes que vale la pena. Para sacar adelante su restaurante, Tiana no necesita la ayuda de ningún hombre (no canta la canción junto a Naveen, a quien ni siquiera conoce, sino junto a su madre), y aunque más adelante se enamorará del príncipe rana, es una relación surgida de otras circunstancias, que de ningún modo hacen que Tiana se olvide de su sueño.



ANNA (Frozen, 2013)
Y finalmente, aquí tenemos el personaje (y la canción) que inspiraron esta entrada. Frozen se ha convertido, hasta ahora, en la película más feminista de Disney, según la crítica de muchos. En esta película, conocemos la historia de Anna y Elsa, las princesas de Arendelle. De niña están muy unidas, pero cuando los poderes mágicos de Elsa hieren a Anna por accidente, sus padres deciden separarlas, aislamiento que se acentúa todavía más con los terrores y preocupaciones de Elsa tras la muerte de sus padres. Finalmente, el día de la coronación de Elsa sus poderes se descontrolan y la reina acaba huyendo a las montañas, donde construye un palacio de hielo, dejando el reino sumido en el caos. Será Anna quien deberá ir en busca de su hermana para arreglar las cosas, con la ayuda del comerciante de hielo Kristoff, que la acompañará, y del príncipe Hans, a quien deja a cargo del reino durante su ausencia.
Dejando de lado las críticas que puedan hacerse al argumento y a la trama de esta película, que no son objeto de esta entrada, vamos a estudiar lo que dice la canción “Yo quiero” de esta película. Pero antes de analizarla, hay que dejar una cosa muy clara: esta canción NO es la archiconocida Suéltalo, por la sencilla razón de que la protagonista de Frozen NO es Elsa, es Anna. Elsa es la antagonista. Ojo, no villana (el villano de la película es Hans), pero sí la antagonista, en cuanto sus acciones se oponen a los propósitos de Anna y le crean dificultades que esta deberá vencer. Suéltalo, curiosamente, es la canción del antagonista, del mismo modo que lo son Preparaos en El Rey León o Pobres almas en desgracia en La Sirenita. Tampoco se trata de la canción Hazme un muñeco de nieve, cuya función no es mostrarnos lo que Anna desea sino enseñarnos cómo evoluciona la relación entre ella y su hermana Elsa desde que son niñas hasta que crecen. La canción “Yo quiero” de Frozen, aquella en la que Anna nos muestra lo que quiere, es Por primera vez en años, cuya letra pasamos a analizar:



Anna: La luz está entrando en el salón,
Por fin se ilumina cada rincón,
Y ahora sacan la vajilla real.

Por estos salones deambulé,
Sola vagué una y otra vez,
Hoy por fin las puertas se abrirán.

Y vendrán de todas partes,
Qué raro se me va a hacer,
¡hay tantas cosas que quiero emprender!

¡Hoy por primera vez en años
habrá luz y música!
¡Por primera vez en años
bailaré hasta no poder más!

No sé si es emoción o gases,
Pero hay algo en mi interior,
¡Pues por primera vez en años
me late el corazón!

Vestido de gala llevaré,
Con pose estudiada esperaré,
Sofisticada y tierna a la vez.

Y de repente allí estará,
Un joven galán se acercará,
Y de los nervios me pondré a comer.

Y luego reiremos juntos,
Charlaremos sin parar,
¡como nunca pude imaginar!

¡Por primera vez en años
habrá magia y diversión!
¡Por primera vez en años
me prestará alguien su atención!

Ya sé que es una locura
pensar en el amor…
¡Mas, por primera vez en años
me late el corazón!

Elsa: No dejes que sepan de ti,
Que no entren, siempre me dijo a mí.
No has de sentir,
Lo has de esconder.
Un paso en falso y se echará a perder.
Pero pronto pasará
Anna: ¡Pronto pasará!
Elsa: Qué duro es esperar
Anna: ¡Qué duro es esperar!
Elsa: ¡Que abran el portón de par en par!
Anna: ¡En par!
Anna: ¡Por primera vez en años...
Elsa: No dejes que sepan de ti.
Anna: ...tendré lo que siempre soñé!
Elsa: Que no entren, siempre me dijo a mí.
Anna: ¡Esta ocasión es la mejor...
Elsa: No has de...
Anna: ...para encontrar mi amor!
Elsa: No has de sentir, no han de saber.
Anna: ¡Mañana todo habrá acabado, solo tengo el día de hoy!
¡Pues por primera vez en años!
¡Por primera vez en años
me late el corazón!

Pues sí, resulta que en la película “más feminista” de Disney, los propósitos de la princesa Anna son disfrutar de una buena fiesta con música, trajes bonitos y diversión, enamorarse y encontrar un buen marido. Fin. Nada de “quiero explorar el mundo”, “quiero ser yo misma”, “quiero cumplir sus sueños”, “quiero ser libre”… No, no, no. “Esta ocasión es la mejor para encontrar mi amor”. Si miramos hacia atrás, tenemos que remontarnos a La Bella Durmiente para encontrarnos con la anterior princesa Disney cuya canción “Yo quiero” versaba sobre el deseo de conseguir al chico perfecto. Ni siquiera personajes injustamente sospechosos de fomentar ideas machistas, como Ariel o Bella, tenían como propósito principal de sus vidas irse de fiesta y conocer a su hombre. En la filmografía reciente de Disney, sólo hay otra princesa aparte de Anna que cante acerca de encontrar el verdadero amor, y es Giselle de Encantada, la cual, como recordemos, es una autoparodia que la Disney se hizo a sí misma.
Hay quien dice “no, pero eso es al principio; la trama de la película va precisamente de que buscar a todo precio el amor en tu vida puede ser un error porque el chico puede salirte rana y el amor que realmente importa es el de las hermanas”. Pues… no. Aunque es cierto que a lo largo de Frozen los intereses de Anna estén más centrados en encontrar a su hermana y convencerla para que vuelva a Arendelle (más que nada porque su objetivo de asistir a un fiestón y enamorarse ya lo ha conseguido al principio de la película), lo cierto es que la princesa acaba consiguiendo su objetivo, aquello que tanto anhelaba en su canción “Yo quiero”: al final, las puertas del castillo quedan abiertas para que haya gente y se celebren fiestas siempre que quieran, y aunque el príncipe Hans acabe siendo un fiasco (moraleja, no te enamores de un hombre al que acabas de conocer), Anna acaba encontrando a su amor verdadero en… Kristoff, un hombre que además de tener un carácter asocial y una higiene dudosa, conoce desde hace todavía menos tiempo que a Hans (¡Pero, eh! ¡Sólo tiene que mejorar un poco! ¡El amor de Anna lo hará cambiar, así lo cantaron los trolls!).